III
Lo admito,
no he intentado evitar que pase
porque quería que pasara.
Y ahora que ha pasado tengo
miedo
de que dejes de pasarme.
De que dejemos de ser
lo que todavía
no hemos llegado a ser.
Pero voy a seguir
pensando
en lo mismo que me ha llevado
hasta aquí,
hasta a ti;
que pase
lo que tenga que pasar.
Y el tiempo ha hablado,
y ahora somos como dos presos
que se dan la mano
para escapar
juntos
y consiguen la libertad.
Contigo me siento libre,
y
y
y me da rabia
no poder describir
cómo me siento contigo
-que es bueno-.
Pero te podría decir
que me encanta tu torpeza,
las maneras en las que me miras
en mitad de un beso,
las exclamaciones de tus miradas,
el silencio de cuando me hablas,
el nerviosismo y la tranquilidad
que me provocas,
tus salidas de emergencia,
que para emergencia,
la de verte.
Me gusta cuando eres tormenta
y calma,
y sobre todo
que tengas una luz
distinta al resto,
porque me haces cambiar el ruido
por tu silencio.
Contigo me dan igual los vasos
vacíos o llenos,
prefiero tus manos.
A ser posible,
llenas de las mías.
A ti
te podría decir que de pasar muchas veces por el mismo sitio,
he aprendido que cada vez que miras
es diferente,
y que siempre
hay algo que te sorprende.
Pues contigo igual.
Y no dejaría
de pasar
por el mismo sitio.
Ya sabes.
Y espero que sepas
que voy a volver
si alguna vez
sientes que me he ido.
Contigo nunca podría volver
porque nunca me habría ido.
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